La Asociación Vasco-Navarra de Beneficencia de La Habana es una de las sociedades-centros de naturales de España con menor reconocimiento y popularidad entre la población cubana desde su fundación, en 1877, hasta el año 1959 cuando estas comunidades, en las cuales se agrupaban los emigrados y descendientes de estos, perdieron en gran medida la trascendencia y el vigor alcanzado desde el período colonial a raíz de un proceso revolucionario que no entendió la labor que dichas asociaciones realizaban en la sociedad cubana de la época.

Aunque fueron evolucionando hacia empresas más abarcadoras que incluían la instrucción, recreo y cobertura sanitaria con centros sociales de magnífica construcción -orgullo de sus miembros-; pero sin dar la espalda a la realidad, con la cual se fundaron, de mantener una interrelación entre los emigrados españoles en la Isla de Cuba desde que se fundase la primera de todas, con el nombre de Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña, o Casal Catalán como también se le conoció, en 1841.

Asociación Vasco-Navarra de Beneficencia de La Habana: Sus orígenes

Aunque los nacidos en las provincias del norte de España (pertenecientes al actual País Vasco) no llegaron a alcanzar las cotas de emigrantes que sí tuvieron las regiones del noroeste peninsular como Asturias y Galicia (incluso Cantabria en menor medida), cuyos Centros-Sociedades llegaron a contar con un poder económico elevadísimo gracias al aporte de sus miembros; es innegable la huella vasca en Cuba, y particularmente en La Habana.

No solo por la trascendencia que alcanzó el Jai Alai (o «pelota vasca«) espectáculo clásico y de gran reclamo turístico de la ciudad, llegando a convertirse el «Palacio de los Gritos» (nombre del Frontón de las calles Concordia y Lucena) en uno de los más solicitados sitios de entretenimiento de los turistas que visitaban la ciudad desde que el presidente José Miguel Gómez rehabilitó el juego y las apuestas durante su mandato.

Frontón Ja Alai desde calle Virtudes y Belascoain
Frontón Ja Alai (El Palacio de los Gritos) desde calle Virtudes y Belascoain, octubre de 2021

La calle Belascoaín en general se convirtió en el símbolo de la presencia vasca en La Habana con varias casas fondas y en los años 50, cuando el circuito habanero de Jai Alai alcanzó su cénit económico -provocando que los pelotaris fuesen tratados como superestrellas en la zona-, era usual ver en los lugares que solían visitar a múltiples estrellas del cine, la radio y el mundo del espectáculo, atraídos por los éxitos de las estrellas del frontón.

Pero la actualidad de la presencia vasca se percibe además en apellidos como Aguirre, Ochoa, Mendieta, Echevarría, Echarte, Portuondo, Montoya o Zaldívar, tan frecuentes en la sociedad cubana, todos con este origen. Se puede explicar esto teniendo en cuenta la importancia que alcanzaron los puertos de Bilbao y San Sebastián durante el envío de tropas para sofocar la intentona independentista de 1895, es lógico que muchos de estos soldados, marineros y jóvenes en general decidiesen volver a Cuba, a pesar de que ya era una sociedad independiente.

La fundación

El conocido historiador e investigador de la presencia vasca en América, Jon Ander Ramos Martínez, establece el 22 de mayo de 1877 como la fecha definitiva en que quedaba establecido con el nombre de «Asociación Benéfica de naturales de las Provincias Vascongadas y Navarra» con el fin «de socorrer a cuantos vascongados y navarros necesiten e imploren el auxilio de dicha institución«. Si bien durante ese año existen otras fechas anteriores en las cuales se realizaron diversas gestiones que permitieron dar a conocer la idea, no es hasta el 17 de junio de que se realizan las elecciones.

Sería electo como primer presidente Joaquín Calbetón quien había sido uno de los máximos impulsores de la creación de dicha institución. Francisco Durañona sería elegido «Vicepresidente» y Segundo Rigal ocuparía el puesto de «Tesorero«, mientras que Fermín Calbetón era elegido «Secretario«. Sería esta la cuarta sociedad vasca en América, tras la Asociación Vasco-Navarra de Matanzas, Cuba en 1868, y las de Montevideo y Buenos Aires en 1876.

En dicha asamblea el nombre de Asociación Vasco-Navarra de Beneficencia quedó reflejado como el definitivo y será el que acompañará a la institución hasta nuestros días.

Funcionamiento

Sin dudas opacado por la cantidad de casinos, centros sociales y de beneficencia, y demás medios de asociación de origen español, que en 1936 sumaban más de 80 en todo el país, la Asociación Vasco-Navarra de Beneficencia sufrió para captar a sus potenciales miembros.

En las actas de la institución (disponibles en internet) se da cuenta de ello pese a la intención de los miembros de conocer e involucrar a sus coterráneos la cifra no llegó nunca a competir con el resto de asociaciones.

Quizás tampoco era este el objetivo de la entidad pues los 462 miembros con los cuales contaba poco después de fundarse, y tras alcanzar un pico de poco más de seiscientos antes de la guerra independentista cubana de 1895, decaerían los miembros, por debajo incluso de esa primera referencia.

Podemos considerar que el mayor problema fue la captación de nuevos miembros, pese a que hasta 1897 se permitía el ingreso de naturales de otras regiones de España e incluso del norte de los Pirineos, es decir, de vasco-franceses.

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El Panteón Laurac Bat, orgullo de los miembros de la Asociación Vasco-Navarra de Beneficencia comenzó su construcción en diciembre de 1878 gracias a la donación de un miembro y siguió recibiendo cuidados de parte de la asociación hasta finales de siglo cuando quedó concluido.

Aún así el crecimiento de la Asociación Vasco-Navarra de Beneficencia, tercera fundada por naturales de las regiones de España en la Isla, se mantuvo durante todo el período colonial sin llegar a los mil miembros, pese a ello, en 1887 finalizó la construcción de su propio panteón «Laurac Bat» (Laurak Bat) en terreno donados por Pablo Tapia en el Cementerio de Colón, siendo la primera en comenzar las obras y la segunda -tras la catalana- en contar con un espacio finalizado dedicado a la sepultura de sus miembros en el camposanto.

Siglo XX: apogeo y supervivencia

En el nuevo siglo no vivió la gloria que acompañó al resto de sociedades. El Centro Gallego construyó su gran sede, absorbiendo al Teatro Nacionalantiguo Tacón-, en la céntrica zona del Paseo de Martí (Prado) y el Parque Central, mientras que el Centro Asturiano hacía lo propio en la zona del ring de La Habana donde había estado antes las murallas con el exuberante edificio que se convirtió en su sede, frente a la Manzana de Gómez.

Sin local fijo, se realizaron juntas en varias sedes pero el Casino Español (ubicado también en el céntrico Paseo de Martí) hizo la más de veces de sitio de acogida a las asambleas anuales. Como muchos futuros miembros de estas asociaciones buscaban en ellas un apoyo para sortear las dificultades del emigrante pobre en tierra extranjera que al amparo de compatriotas encuentra el paraguas imprescindible para sostenerse en esa nueva vida.

Bandera del país vasco
«La Ikurriña», bandera oficial del País Vasco

De ahí que tras la independencia cubana (20 de mayo de 1902) los centros regionalistas fuesen «refundados» con un interés más marcado en proveer a sus miembros de atención sanitaria, instrucción, recreo y «sentido patriótico». Los ya establecidos Centros Gallego y Asturiano, vieron su ya insigne posición aún más fortalecidas como círculos embajadores de la hispanidad en el país, sirviendo de canal comunicativo con la península, toda vez que el proceso independentista cubano no significó la destrucción de la propiedad y la economía en las grandes ciudades (a diferencia del interior del país, arrasado por el fuego, la falta de mano de obra, los desgastes de la guerra y el más terrible desamparo del campesino).

Centro Gallego de La Habana
Centro Gallego de La Habana

El país se independizó, pero la economía seguía en manos españolas, de empresarios españoles, aunque su contraparte americana se iría colando paulatinamente, consolidando ese golpe de Estado económico durante el gobierno del General Menocal, curiosamente cuando los centros gallego y asturiano parecían alcanzar su máximo potencial. Si bien estos fueron siempre accesibles al público, la élite criolla e internacional se mudó a las exclusivas zonas de los clubes naúticos, hípicos y de golf del litoral oeste de la ciudad. Anclados en su conexión con las clases más bajas de los emigrantes estos clubes amasaron un gran núcleo de abonados, muy por encima del resto (más información aquí).

Sin embargo, de los 835 991 españoles censados que ingresaron legalmente a Cuba entre 1901 y 1930 (cifra esta que puede ser mucho mayor si se estima el porcentaje de emigrantes ilegales que entraban de contrabando al país) apenas buscaron cobijo en la Asociación de Beneficencia Vasco-Navarra, cierto es que de ese total se estima que la emigración de esta región hacia Cuba era menor del 5%.

En la actualidad la asociación cuenta con cerca de 270 miembros, y está bajo el amparo del Gobierno Vasco, aunque su situación no ha cambiado y sigue sin contar con una sede individual, compartiendo en la calle Gervasio 309 sede con otras instituciones regionalistas españolas radicadas en La Habana.