Construida bajo los cánones del Movimiento Moderno, la Biblioteca Municipal de Marianao Enrique José Varona, en la intersección de las Avenidas 100 y 41, es una de las principales instituciones culturales de ese municipio de La Habana.

La primera biblioteca pública que existió en Marianao fue establecida por la Sociedad de Fomento fundada por Salvador Samá y se presume fue de corta vida, pues ninguna referencia ha llegado a nuestros días sobre su orden o funcionamiento.

Tuvieron que pasar más de 30 años de vida republicana para que el alcalde Pedro Varela Nogueira inaugurara una nueva Biblioteca Municipal de Marianao; institución que quedó establecida en la calle Samá No. 40; sólo para que pocos meses después, José Fígarola Infante, sucesor de Varela, dispusiese un nuevo uso para el local y almacenará los libros en una casona en Calzada Real No. 136.

Allí permanecieron olvidados por varios años hasta que en 1941 (a tenor de lo dispuesto en la Constitución de 1940 que en su artículo 214 establecía la organización de bibliotecas municipales) se le proporcionó un nuevo local en Calzada Real No. 121.

Allí, el 28 de enero de 1941, la Biblioteca Municipal de Marianao comenzó a brindar servicios al público, por lo que este día bien pudiera ser tomado como su fecha fundacional.

En la nueva sede, que tenía aceptables condiciones constructivas, había funcionado hasta poco antes de acoger a la Biblioteca Municipal de Marianao, una bodega de chinos, por lo que se pudieron aprovechar los anaqueles para organizar los libros.

Para la dirección de la biblioteca, el Ayuntamiento designó al doctor Rubén Alfonso Quintero, quien tuvo la iniciativa de nombrar a la institución como Biblioteca Municipal de Marianao Enrique José Varona; nombre que ha conservado hasta hoy, en honor al sabio filósofo cubano, que fuera guía y ejemplo de la juventud del 30.

Junto a Elías Taranje, el historiador de Marianao Fernando Inclán Lavastida y el joven político Juan Manuel Márquez (que muriera asesinado en los sucesos del Granma); el joven doctor Alfonso Quintero se consagró a su cargo de bibliotecario, llegando a convertirse en una eminencia en el oficio.

Biblioteca Municipal de Marianao, la biblioteca peregrina

Con la intención de mejorar el servicio que brindaba la Biblioteca Municipal de Marianao Enrique José Varona, el Ayuntamiento de Marianao le cedió un nuevo local en la Calzada Real entre Torrecilla (128) y Luisa Quijano (130), pero este, debido a sus muy buenas condiciones fue reclamado por la Compañía de Electricidad y la biblioteca debió moverse hacia una vieja casona en la calle San Julio que, por su falta de espacio, fue más un almacén de libros que un espacio de lectura

No sería hasta el gobierno del alcalde Ortelio Alpízar que el Ayuntamiento destinaría los fondos para la construcción de una nueva biblioteca, en 47 y 120 que tras una gran campaña de la sociedad civil se nutrió de fondos provenientes de personas naturales, escuelas, logias masónicas y empresas; además de una colección completa del periódico El Sol de Marianao que le fue entregada por el director del mismo, César San Pedro

La sala de lectura de la Biblioteca Municipal de Marianao Enrique José Varona en la década de 1950, cuando todavía se encontraba en su sede de 47 y 120

Todavía tendría la Biblioteca Municipal de Marianao Enrique José Varona dos sedes más: la primera en un gran edificio de estilo ecléctico coronado con el escudo de la República, en 114 y 49, a donde se trasladó en 1961; y la definitiva, el moderno inmueble que para ella se construyó en 1967 (y donde todavía radica) en la intersección de las calles 100 y 41.

Este edificio bello y funcional, se construyó bajo la gestión del comisionado municipal Osmín Fernández Concepción y en base a un proyecto del arquitecto Arnaldo Sicilia (el mismo que proyectara el CVD Jesús Menéndez, también en Marianao), quien se adscribió por completo a los cánones del Movimiento Moderno imperante en la Isla.

De planta irregular, la Biblioteca Municipal de Marianao Enrique José Varona, ocupa una manzana y rompe con el contexto de las edificaciones circundantes, rodeándose de un jardín arbolado que proyecta su sombra y frescor sobre el edificio.

Su entrada principal que se abre a la Avenida 41 semeja el fuelle de una vieja cámara fotográfica y da paso a una galería en la que confluyen los demás locales y la escalera principal que conduce al segundo nivel en el que se encuentra la sala de lectura general y los cubículos de estudio.

Mientras, en la planta baja se agrupan las demás salas de lectura, las oficinas, el archivo, el almacén y la biblioteca circulante.

Todas las salas, tanto las del primer piso, como las del nivel superior cuentan con gran iluminación natural, que les llega a través de los grandes paneles de vidrio que concibió Sicilia en su proyecto