La novia del Yumurí, Carilda Oliver Labra, fue un verso rebelde que nutre, mancilla, doblega, enaltece o asombra; injerto de belleza y genialidad.

La poetisa nació en Matanzas, un 6 de julio de 1922, y en ella viviría toda su vida, en la casona colonial de Tirry 81, donde mismo fallecería 96 años después.

Certificacion de nacimiento Carilda Oliver Labra
Certificacion de nacimiento Carilda Oliver Labra. Fuente: Archivo Histórico Provincial de Matanzas.

Resulta extraño imaginarla en un mundo alejado del arte, sin versos que se volvieran expresiones populares –me desordeno amor, me desordeno-, esculturas, erotismo. Por eso asombra conocer que Carilda Oliver Labra, la mejor sonetista de América -según Gabriela Mistral-, es Licenciada en Derecho por la Universidad de La Habana, curiosamente en 1945, lo cual sucede dos años después de publicar su primer libro Preludio Lírico.

Carilda Oliver Labra

A partir de 1943 Carilda se da a conocer con fuerza en el mundo literario nacional y aunque en ese primer poemario aún no ha explotado con todo el erotismo y la fuerza lírica que caracterizó su obra, es el anuncio claro de la calidad de la poeta que nace.

Seis años después, escandalizará y revolucionará por igual a una sociedad maniqueista, con la publicación de «Al sur de mi garganta«. Nunca antes una mujer se había atrevido a tanto, habla de senos en la boca, besos estando de rodillas, y lugares al sur del cuerpo. Como ella misma dijo:

Es un libro sin afeites, virgen, sin contaminación.

El revuelo fue mayúsculo, pero la sociedad culta la respaldó, primero fue Matanzas, su ciudad, la que salió en su apoyo nombrándola «Hija Eminente de la Atenas de Cuba«. Alto reconocimiento que este escribidor desea saber si se le había otorgado antes a alguien tan joven. En ese mismo año, un jurado presidido por Emilio Ballagas, le otorga el Premio Nacional de Poesía.

Carilda Oliver Labra, la poeta ¿erótica?

Es asunto conocido que Carilda posiblemente sea la gran poetisa erótica de Cuba, y una de las más importantes de la lengua española, además de ser una excelente cultora de poemas de amor.

Pero la rubia hermosa del Yumurí fue mucho más que eso, en su obra destacan a un alto nivel sus «Cantos» -del cual para este articulista el dedicado a Matanzas es el más sublime-, los cuales le granjearon reconocimiento de figuras como Gabriela Mistral, la cual quedó tan impresionada por «Canto a Martí» que pidió conocerla, y luego de ello, premonitoriamente, dijo:

Profunda como los metales, dura como el altiplano, su poesía, de ser divulgada con justicia, pronto ejercerá ardiente magisterio en América.

El primero, «Canto a la bandera«, fue muy promocionado, al resultar ganador en el Concurso Nacional de Poesía de los Juegos Florales de Cárdenas en 1950, y publicado inmediatamente en Matanzas en forma de plegable.

Foto del Acto por el Día de la bandera

Un punto muy fuerte en su obra lo constituyen sus elegías, las que usa como desahogo -¡Ah ese maravilloso inicio «Hugo Ania Mercier yo te quería«!-, soliloquio exorcisante -sobre todo las dedicadas a si misma-, ironías o látigos restrayantes.

Muchos autores sostienen que son las elegías su punto más alto, en este caso el miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua, Roberto Méndez Martínez sostiene:

…creo que las aguas tomarán su nivel y descubriremos pronto que se ha ido una de nuestras grandes elegíacas.

Mirta Aguirre escribió hace mucho tiempo que Sor Juana Inés de la Cruz fue una gran escritora que tuvo la desgracia de escribir el poema “Hombres necios que acusáis” porque esas fáciles redondillas hicieron que se olvidara el resto de su obra. Creo que a Carilda le sucedió con “Me desordeno..”, un poema juvenil – está fechado en 1946- que parece ocultar el resto de lo que vivió y escribió.

CARILDA MÁS ACÁ DEL POLVO

En 1951 Carilda Oliver Labra obtendrá también el Premio Nacional del Certamen Hispanoamericano de la ciudad de Washington. Aún no cumple los treinta años.

Para ese mismo 1951 Carilda seguirá ampliando su curiosidad artística y el alcance de su talento, al ganar el accésit al Premio Nacional Hernández Catá por su ¡cuento! «La modelo«, además de graduarse de La Escuela de Artes Plásticas de Matanzas, como profesora de dibujo, pintura y escultura. Carilda Oliver Labra había nacido para el arte, no para las togas.

Ya en 1952 comienza a ser incluida en antologías y selecciones de poesías hispanoamericanas, tiene treinta años, el mundo es un verso y Carilda su musa.

Para este momento ya es un mito, el gran mito matancero. La municipalidad de Matanzas crerará un Premio de Poesía Carilda Olíver Labra -siendo jurados del mismo nada menos que Agustín Acosta y Jose Ángel Buesa-, enorme reconocimiento en vida a una mujer que aún no cumple los cuarenta años.

Su primer esposo fue Hugo Ania Mercier, un abogado y poeta matancero,  estuvieron casados tres años, ella le dedicó una hermosa elegía, y el la dibujó en este soneto -del cual no conozco su métrica exacta-:

Soneto sin título, dedicado a Carilda Oliver Labra

Ella es así, una dormida
visión incierta sobre las cosas,
quiere a los ciegos, cuida las rosas,
y va pasando sobre la vida

como quien borra su propia huella,
como quien sueña perennemente;
como quien lleva tras de la frente
un ala rota sobre una estrella…

Ella es así, como de brisa;
tiene en la sangre la amarga prisa
de estar ausente. Nada le alegra.

Y es que es así, como de nube,
como de polvo… Algo que sube
desde un destino de azúcar negra.

Luego del 59 Carilda Oliver Labra simultaneará la enseñanza del idioma  inglés con clases de dibujo y escultura. En determinado momento cae sobre ella el manto del ostracismo, a pesar de ello permanecerá en la casona de Tirry 81, como un monumento viviente a las injusticias inexplicables.

Carilda Oliver Labra

Permanecerá como el mudo reproche de la injusticia, alejada de la literatura y de los focos el mito Carilda, sin embargo, se agiganta. Cuentan los moradores matanceros de entonces y otras tantas amistades: Alfredo Zaldívar, Arístides Vega, Marylin Bobes, Miguel Barnet… que durante estos años, en las tardes cuando Carilda salía del bufete, o de la escuela de idiomas, los caminantes que la encontraban aplaudían al verla pasar. Dicen que le lanzaban flores, besos y otras muestras de amor. Matanzas la desagraviaba cada día, Carilda era demasiado grande para el silencio.

Según Alfredo Zaldívar, actual director de Ediciones Matanzas, el ostracismo terminó el día del cumpleaños de la Novia de Matanzas en 1979. Ese día le dedicaron el espacio Miércoles de Poesía, que se organizaba en la casa natal de José Jacinto Milanés. La foto siguiente es la firm,a que esa noche Carilda estampó en el Libro de Oro del espacio.

Libro de Oro del espacio Miercoles de Poesia con la firma de Carilda Oliver Labra
Libro de Oro del espacio Miercoles de Poesia con la firma de Carilda Oliver Labra. Fuente: Archivo Histórico Provincial de Matanzas.

Será rescatada a partir de los 80, sobre todo a partir de que el poeta Rafael Alcides le compile y publique una antología a la cual llamarán Calzada de Tirry 81, donde en una hermosa carta prólogo Alcides la redefine y restaura en toda su grandeza.

Luego vendría premios y distinciones como el otorgamiento en 1987 de la Distinción por la Cultura Nacional y luego el Premio Nacional de Literatura. Se volvieron a publicar sus libros y con ellos ocurrió un fenómeno interesante: una poeta neoromántica de los 50, casi desconocida para al menos dos generaciones de muchachos, estaba de repente ante ellos, con versos descarnados, eróticos, tremendos…

Fue el segundo aire de su carrera y el resurgir del debate sobre el neoromanticismo en la poesía, ella misma se sumergirá en esas aguas y encabezará el rescate de la obra de su amigo José Ángel Buesa.

Murió como había vivido, en su casa de la Calzada de Tirry, entre gatos, visitas y peñas de poesías, un 29 de agosto de 2018.